
Madre Nuestra
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Extracto Homilía de La Transfiguración
5 de agosto de 2017
“Un buen día, a los 24 años, caminando a las afueras de Asís, vio la Iglesia de San Damiano que estaba abandonada, y por esas cosas del Espíritu Santo, que te empuja, se le ocurrió entrar a rezar; lo único que quedaba era un Crucifijo pintado, medieval, él se arrodilla, reza, y de pronto ve que en la imagen del Cristo, la boca se empieza a mover, y le dice: “Francisco, mira mi Casa, se está desmoronando, arréglala, constrúyemela, vuélvela a poner en pie”. Y Francisco a partir de ese momento es San Francisco… a partir de ese instante empieza a correr piedras, a limpiar, a pintar, se suman algunos que lo ven desgarrarse porque es un muchacho de manos finas, tocaba el violín; y reconstruye esa pequeña Casa de Dios porque siente que el pedido parte por ahí, por lo concreto, concreto, concreto de levantar la Iglesia pequeña de Jesús en ese lugar.
Luego su vida lo va a llevar a demostrarse a sí mismo que Jesús le pedía algo muy amplio, pero todo empieza por el hecho concreto de que no hay Iglesia si no hay, aunque más no diga, Pedro: ¡tienda, tienda!
……
La Transfiguración ofrece tantas, pero tantas claves, pero hay una primera para mí, es la siguiente:
1- Todo trabajo por Dios, es un trabajo de elevación difícil, todos estamos subiendo una montaña, esa montaña es Sagrada, la sube nuestro cuerpo, nuestra alma y nuestro espíritu.
2- Todos, todos, todos necesitamos construir nuestra tienda, altar, Iglesia, ya sea en nuestra alma, y como comunidad una gran Iglesia; sin Iglesia concreta no hay la posibilidad, sin Iglesia construida, sin Iglesia con ladrillos, no hay la posibilidad de que Dios more entre nosotros.
Monseñor Claudio Páleka
Arzobispo Iglesia Mariavita VMRF
Santuario Padre de los Cielos. Bs As. Argentina
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